COSTAS MARITIMAS Y ECOLOGISTAS DE MEDIO PELO febrero 23, 2008

@abogadodelmar

Tú dijiste:
– ¿Cuál es la señal del camino, oh derviche? – Escucha lo que te digo
y, cuando lo oigas, ¡medita!
Ésta es para ti la señal:
la de que, aunque avances,
verás aumentar tu sufrimiento.
FARIDUDDIN ATTAR

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Tengo un cliente llamado el Besugo. Se trata de un pescador jubilado, canijo, bajito y poca cosa, con un aspecto de inofensivo que se ve de lejos sobre sus viejas alpargatas. Vive en una playa de Fuerteventura, en su casa de toda la vida, que necesita una mano de pintura, o dos, y tan humilde como él. El paraje donde vive el besugo se llama Puerto Lajas, en total unas ochenta viviendas más o menos. El resto es un paisaje mineral de textura africana sin árboles ni alegrías. Puerto Lajas parece plantado en medio de la nada y seguramente durante mucho tiempo a nadie le importó si existía o no.
El besugo tiene una hija. Se llama Carmen. Es camarera. Carmen tiene un hijo. El hijo de Carmen es un niño semisalvaje que crece más o menos como debieron crecer los antiguos guanches, aunque él hace algo que no hacían los guanches: coge olas con la tabla, y así pasa más tiempo en el agua que al seco. Está muy bien que haya un niño que en vez de bizquear con la cabeza gacha ante la videoconsola, se entregue al mar con esa inocencia a la que estoy tentado de ponerle el adjetivo de bendita.
Al besugo le vino un día a ver la mala suerte, porque, creo que después de que ciertos señores del puro y el mercedes le echaran un ojito al paraje, se enteró de que la Dirección General de Costas iba a tirar abajo su casa, junto con las de sus vecinos. En corto: Costas se ha confabulado con el Ayuntamiento para hacer un paseo marítimo que va a chafar las viviendas. Pero no se trata de un paseo de seis metros de anchura, como es habitual, sino de veinte, lo que para el solitario caserío es algo así como una autopista de tres carriles en el Kalahari.
¿La justificación? Que el futuro PGOU prevé un gran crecimiento de población en la zona, lo que aconsejaba un paseo que de dimensiones que no resulten ñoñas. Esto me mosqueó, porque la gran densidad de población futura solo podía venir de sembrar ladrillos en masa. Y me mosqueó hasta el extremo de preguntarme si aquella previsión no vulneraba las restricciones de una cosita llamada zona de influencia.
La zona de influencia es una limitación establecida por la ley de costas para que en los primeros quinientos metros no se formen pantallas constructivas y la edificabilidad no supere la media del municipio. El reglamento de costas asigna el control de esta zona precisamente a los planes de ordenación urbana, mandando que estas limitaciones queden incorporadas a ellos.
Lo consulté con un arquitecto que confirmó mis sospechas: Las previsiones de edificabilidad en Puerto Lajas no solo superan, sino que duplican la media del municipio, luego el PGU es ilegal y por tanto también la justificación que emplea la Dirección General de Costas para construir el paseo. Y lo lamentable es que es la propia Dirección General de Costas la encargada de exigir que se observen las restricciones de la zona de influencia. No sé si se dan cuenta del desatino: Costas está empleando como argumento un hecho ilegal que ellos mismos deben impedir. Es como si el sheriff del pueblo justificara que la expropiación de viviendas particulares porque los terrenos son precisos para construir un albergue para ladrones, asesinos y pederastas (y perdonen ustedes la comparación, que tiene solo fines didácticos y no dirigir insultos contra los señores del puro y el mercedes).
Por tanto, gran patinazo de los que se habían aliado para amargarle la vida al besugo, a Carmen y al niño salvaje. Pero todo esto debe ser por algo, y ese algo no es difícil de deducir. A mi parecer, ese consorcio formado por la Dirección General de Costas, el Ayuntamiento y el gran capital cementero-ladrillero pretende impedir que la primera línea del futuro paseo marítimo esté ocupada por las humildes casitas del besugo y sus vecinos, porque faltaría más que los restaurantes y hoteles de lujo tuvieran que estar en la calle de atrás. Nos encontramos entonces con un hecho muy simple: El Estado echa a los pobres de sus casas para dárselas a los ricos, y esto se hace instrumentalizando la ley de costas para conseguir fines contrarios a los que la inspiraron, que no son otros más que combatir la presión urbanística sobre el litoral.
He escrito este artículo solo para poder dedicárselo a todos las personas sensibles, sensatas, responsables, pero no bien informadas, que desde el inicio de su fundación, se pusieron a escribir en los foros de internet que la Plataforma Nacional de Afectados por la Ley de Costas no es más que un grupo de señoritos cabreados porque el Estado les aplica una ley que no les gusta. La defensa que estamos haciendo va más allá de la ley y el derecho. Se ampara en principios morales y antes que una defensa de muros y paredes maestras constituye una defensa de la dignidad de unas personas que están padeciendo lo indecible. El besugo no tiene aspiraciones impertinentes: No desea un coche de marca, ni dar la vuelta al mundo, ni visitar restaurantes de lujo. Solo quiere que le dejen sentarse en el banco de piedra que hay adosado a su casa, a conversar con sus vecinos mientras mira a su nieto chapotear en el agua. Yo creo que es un derecho que se tiene ganado, y éstas son el tipo de personas por las que estoy luchando.

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